El objetivo principal del proyecto es demostrar
como se aprueban leyes que facilitan atentados
contra la privacidad de los ciudadanos.
El mismo día que el Gobierno crea el mando
único entre la Policía Nacional
y la Guardia Civil, dejando como director
al comandante de la más militar de
ambas instituciones, el Consejo de Ministros
envía al Poder Judicial y al Consejo
de Estado la ley de retención de datos,
que regula la detención de datos de
las comunicaciones telefónicas y por
Internet durante un año y la obligación
de identificar a los propietarios de las tarjetas
prepago de los teléfonos móviles.
Se
acerca una nueva forma de vida para los ciudadanos
sin que éstos apenas se den cuenta.
De igual manera que en EE.UU, los medios televisivos
de nuestro país siembran desde hace
tiempo un ambiente de inseguridad y temor
ante la amenaza terrorista, y el Gobierno
aprovecha dicha situación para avanzar
en el control que ejerce sobre los ciudadanos,
implantando medidas que atentan contra su
privacidad con la excusa de detectar posibles
amenazas terroristas.
El
fantasma de Echelon
sobrevuela nuestras cabezas.
Se
destina a su vez una partida de tres millones
de euros para que el Cuerpo Nacional de Policía
y la Guardia Civil dispongan de varias herramientas
informáticas adecuadas para tratar
esos datos en caso de que los soliciten. Es
decir, las operadoras de telefonía,
se encargarán de obtener los datos
de las personas que utilizan tarjetas prepago
(obviamente toda la gente que usa contrato
ya se encuentra "fichada"), y estos
datos podrán ser usados en tiempo real
por las fuerzas del Estado.
En
un plazo de varios días las personas
que no se encuentren en las bases de datos,
recibirán un sms informativo sobre
la implantación de la nueva normativa,
obligándolas a personarse e identificarse
"voluntariamente" en algún
punto de venta de material telefónico.
Dirigir a las personas a tiendas, disminuye
la percepción de normativa gubernamental.
Teóricamente,
los datos de las comunicaciones que serán
retenidos por las compañas se refieren
sólo al tránsito (origen y destino
de la llamada, duración, lugar desde
la que se realiza) y en ningún caso
al contenido de la misma. Palabras que salen
de un servicio secreto cada vez más
actualizado, y que no menciona en ningún
caso su intención de imponer esa misma
normativa sobre las comunicaciones a través
de Internet.
El
director general de la Organización
de Consumidores y Usuarios (OCU), José
María Múgica, aseguró
que el Gobierno "debe vigilar la utilización
futura de esos datos". "Hasta ahora,
la compra de una tarjeta era algo anónimo
y el hecho de que ahora se recoja información
significa que se van a manejar una serie de
datos cuyo control nos parece importante".
Por
su parte, la Agencia Española de Protección
de Datos (AEPD) advirtió ayer de que
vigilará que el control de las comunicaciones
telefónicas se ajuste en el futuro
a la legislación vigente "y respete
los principios de proporcionabilidad, durabilidad
y finalidad" de la protección
de los datos personales.
Las
operadoras recopilaban datos de sus clientes
con fines industriales mediante el envío
de formularios para registro, o incluso con
ofertas de rellenado de datos a cambio de
saldo gratuito. La gente regala sus datos
personales a cualquier empresa, y el gobierno
va a aprovecharse de ello para recuperar la
mayor cantidad de datos posibles de la población.
Este
tipo de medidas no contempla a los teléfonos
móviles procedentes del extranjero,
lo cual agranda la paranoia respecto a la
clonización de las personas que nuestro
Gobierno acaba de comenzar. Este tipo de medidas
nos convierten en marionetas, en material
productivo destinado al consumo, ahora bajo
estricta vigilancia.
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